Tras el nacimiento de tu bebé, el mundo parece detenerse. Es el momento del piel con piel, de las primeras miradas y de una oxitocina que inunda la habitación. Sin embargo, tu cuerpo aún tiene una última tarea: el alumbramiento de la placenta. A menudo lo llamamos la tercera etapa del parto, y aunque pase casi desapercibido por la emoción del momento, es el cierre fundamental de tu proceso físico.
Como matrona, me gusta explicar que el alumbramiento no es un trámite que hay que despachar rápido. Es un proceso que requiere paciencia, intimidad y, sobre todo, respeto a tus tiempos. En este post vamos a hablar de lo que realmente sucede, de cómo favorecerlo y de las opciones que tienes, basándonos en la evidencia científica más actual.
¿Cuánto tiempo dura el alumbramiento de la placenta?
Esta es una de las mayores dudas. Los tiempos varían según el tipo de manejo que se realice, pero es importante que sepas que el cuerpo tiene su propio ritmo:
Si el alumbramiento de la placenta se prolonga más allá de estos tiempos sin que haya sangrado, se considera una placenta retenida y el equipo médico valorará intervenir. Pero mientras todo esté tranquilo, la paciencia es nuestra mejor aliada.
Tipos de alumbramiento: ¿Cómo quieres que sea el tuyo?
1. Alumbramiento Fisiológico (Natural)
Aquí la protagonista eres tú y tu oxitocina natural. Esperamos a que tu útero, por sí solo, desprenda la placenta. No hay prisa, no hay tirones del cordón y no hay fármacos de rutina. Es la opción ideal si tu parto ha sido de bajo riesgo y quieres que el cierre sea lo más natural posible.
2. Alumbramiento Activo (Dirigido)
En este caso, se administra oxitocina sintética justo tras la salida del bebé para ayudar al útero a contraerse más rápido. ¿Cuándo es necesario «sí o sí»? El manejo activo se convierte en la recomendación principal cuando existen factores de riesgo de hemorragia, como partos muy largos, inducciones con mucha oxitocina previa, embarazos múltiples o antecedentes de hemorragia en partos anteriores. El objetivo es protegerte y asegurar que el útero cierre bien los vasos sanguíneos rápidamente.
5 Claves para favorecer el parto de la placenta
Para que la placenta salga de forma fluida, necesitamos que tu cuerpo se sienta seguro:
- Piel con piel ininterrumpido: Es el motor número uno de la oxitocina. Sentir a tu bebé sobre tu pecho es la mejor señal para que tu útero trabaje.
- Estimulación mamaria: El contacto con el pezón o el inicio de la lactancia libera oleadas de oxitocina endógena que ayudan al desprendimiento.
- Gravedad y posturas: Si te sientes cómoda, cambiar de posición o estar ligeramente incorporada ayuda a que la placenta baje por su propio peso.
- Vaciado de vejiga: Una vejiga llena puede «empujar» el útero hacia arriba y dificultar que se contraiga. Ir al baño o usar una cuña facilita mucho el proceso.
- Ambiente cálido e íntimo: Menos luces, menos voces y más calma. El miedo bloquea la oxitocina; la paz la fomenta.
Mi experiencia en Londres: ¿Qué se hace con la placenta?
Durante mis años trabajando como matrona en los paritorios de Londres, viví una realidad muy diferente a la que solemos ver en España. Allí, la placenta es vista por muchas familias como un órgano sagrado que merece ser «honrado».
Vi a muchas mujeres solicitar su placenta para llevarla a casa. Algunas hacían cápsulas (desecándola), otras la incluían en smoothies de frutas justo después del parto para recuperar energía y hierro, y otras simplemente la enterraban bajo un árbol. Aunque en España no es la práctica habitual, conocer estas realidades nos ayuda a entender que el alumbramiento de la placenta es un acto con un peso emocional y físico enorme en muchas culturas.
Prepárate para un parto consciente
Saber qué pasa con la placenta te quita miedos y te da control. En mis cursos de preparación al parto, diseñamos juntas un plan que incluya este momento, para que sepas qué pedir y cómo actuar.
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